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Desde muy niña me volvían loca los tablistas. Había algo en la forma cómo caminaban, cómo miraban el mar, y como se metían a surfear sin miedo, que me dejaba completamente magnetizada. Me doy cuenta ahora que lo que realmente me encantaba era la facilidad con la que se conectaban con el mar, con el mundo real, con lo tangible, y con lo salvaje.

Ahora que estoy visitando nuevamente el Perú, me regresa ese sentimiento de lo que es REAL.  El Perú es un país que si bien es mucho menos civilizado y desarrollado que España y Estados Unidos, al llegar aquí en un segundo y sin pensarlo, uno se siente muy cerca a la magia de la naturaleza y lo salvaje. Mientras que en Nueva York, así como en cualquier otra ciudad grande, la mayoría de las personas viven una realidad en la cual las prioridades son: qué tan rápido te mueves, cuántas cosas puedes hacer en un día, y qué tan eficiente eres para poder lograrlo todo y ser una ‘superwoman/man’.

Vivimos desconectados de lo real, dando mil vueltas en la cabeza, mareándonos con cada vez más información.  Nuestro móvil ha pasado a ser el más natural compañero de nuestra vida y el exceso de todo hace que necesitamos de los cigarros, del café, y de las copas para poder tomar aire, tener energía y finalmente poder relajarnos al final del día.

Hemos perdido el contacto con lo natural, que es lo que finalmente nos une de manera eficiente e inmediata con nosotros mismos.

Y así también hemos ido perdiendo el contacto con los alimentos salvajes. En este caso, los tomates silvestres son joyas que deberíamos cuidar, apreciar y consumir ya que el tomate convencional cultivado de manera no-ecológica es fumigado con pesticidas a base de plomo,  los cuales han demostrado contribuir al incremento de enfermedades degenerativas del sistema nervioso.

Estudios muestran que el tomate ecológico tiene más materia seca y por lo tanto más nutrientes y sabor que el convencional ya que al tener menos agua, las concentraciones de fitonutrientes como Vitamina C son mayores y tiene cerca del doble de flavonoides que el convencional.Sea o no verdad que los tomates ecológicos son más nutritivos que los convencionales, hay una cosa que sí esta clarísima: el tomate ecológico silvestre se deja sentir. El sabor, el color, la textura y el olor de este tomate nos recuerda a la importancia del sentir y del comer para disfrutar y saborear.

IMG_1679-2Realmente si pensáramos en agregar un poco de lo natural en nuestro día a día, volveríamos rápidamente a nuestra naturaleza; a nuestro estado primordial de estabilidad y calma.  Y al decir esto no me refiero que tengamos que escalar una montaña, o surfear una ola grande, sino que nos volvamos más conscientes de la importancia de sentir lo natural en nuestro entorno, y tratar en lo posible de conseguir ingredientes que nos acerquen a esa naturaleza. El comer alimentos ecológicos y silvestres no solo le hace un favor a nuestro cuerpo, sino que ayuda a cultivar una relación más orgánica y natural con  nosotros mismos.

IMG_0807El estar cómodos con la naturaleza nos da una estabilidad inmediata. De pronto no sabemos exactamente porqué pero nos sentimos bien. No tuvimos que correr 5 kilómetros, ni tomarnos una botella de vino  para darnos cuenta que la vida es realmente hermosa y que podemos  saborearla y gozarla así de fácil y simple como comernos un tomate con sal.