Porque a veces vivir en líneas te hace acordar del espacio ENTRE esas líneas.

De la libertad dentro de la tensión.

Del espacio libre que hay dentro de las paredes con las que lo rodeamos.

De los momentos intermedios entre el estrés y el trabajo.

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No te pasa a veces que por más que ya hayas terminado de trabajar y todo ha sido cumplido, sigues un poco tenso, alterado?…¿Como si el día de trabajo no hubiera acabado? ¿Como si algo todavía faltara por terminarse? Como si, en términos más primitivos, el tigre sigue corriendo detrás tuyo? En Nueva York la mayoría sufrimos de esta epidemia del estrés constante, vivimos con la sensación de que siempre hay algo más que hacer, algo más que terminar. Hay una carrera colectiva, que nos lleva a todos ciegos y contraídos por las calles.

Con los años, me he dado cuenta que las cosas por hacer sólo se siguen sumando. Y mientras más exitoso eres, más trabajo tienes, y eso no va a parar nunca. “Acostumbrate”, me dijo mi manager hace poco, “a trabajar y no parar”. Y yo pensando.. pero cómo voy a disfrutar de mi vida si no tengo tiempo para vivirla?

Claro, si quieres ser exitoso y bueno en lo que haces, tienes que ponerle esfuerzo, ser constante, practicar y repetir. Hay momentos que requieren del 100% de nuestra atención, pero hay otros momentos, los momentos intermedios, los momentos PUENTE, que son los que conectan los eventos de nuestros días, y que son claves para darnos la energía para seguir. 

FullSizeRender-212El truco esta en respirar profundo y relajarse ENTRE las líneas, ENTRE los momentos de intensidad, ENTRE los momentos de trabajo. No me refiero a esas dos horas en que haces ejercicio y puedes desahogarte, (aunque que bien que lo hagas) sino me refiero a todos los otros momentos: cuando nos despertamos, cuando caminamos, cuando estamos en el transporte público, cuando comemos, cuando caminamos de una reunión a otra, el instante entre cada bocado de una comida, antes de irnos a dormir, y todos los momentos en los que estamos solos y que normalmente los ocupamos con mirar la tele, Instagram, Facebook o cualquier vicio que hayas adquirido últimamente con el móvil.

Normalmente llenamos esos momentos, ese espacio intermedio, con ideas del futuro o pensamientos del pasado, haciéndolo muy difícil estar aquí.

FELIZ 4 de JULIO, día de la Independencia de EEUU! Vivir en este país requiere mucho de eso que llamo “vivir entre líneas”; entre reglas; entre paredes de restricción: no puedes aparcar aquí, no puedes hacer esto, no puedes hacer lo otro y pobre de ti que no respetes las reglas. Y sin embargo, uno se siente tan libre cuando vive en Nueva York. 

FullSizeRender-216De igual manera, muchos nos ponemos nuestras propias líneas, nuestras propias paredes en nuestra vida: no puedo hacer esto, TENGO que hacer lo otro, que dirán de mi, debería ponerme a dieta, estoy gorda, la otra es mejor que yo, lo que tiene el otro es más interesante, porqué no puedo tener el trabajo de él, y demás diálogos internos que sólo nos destruyen. Nos ponemos barreras, límites, paredes y vivimos nuestra vida rebotando entre estas paredes. Vamos de pared en pared, de crítica en crítica. Y no hablo de las críticas de los demás, sino la crítica interna; la crítica pesada y silenciosa que no te deja en paz y que no te deja despertarte ligera por las mañanas. Yo le llamo el JUEZ interno: la necesidad de ser perfectos, de no equivocarnos, de empujarnos hasta el punto que ya no damos más y nos hacemos daño.

Pero qué pasa si te digo que entre esas líneas, entre esas barreras, entre esas paredes que tu mismo has construido a lo largo de tu vida, está el espacio; el espacio dentro tuyo. Y tu eres dueño de ese espacio para hacer lo que quieras con él: para transformarlo en luz y volverlo tu refugio donde puedes respirar tranquilo, y sentirte contento, libre y a salvo.

Voy a utilizar la metáfora de una casa para explicar mejor a lo que me refiero con este espacio interior dividido: Si te das cuenta, una casa es espacio al que le han puesto paredes para contener ese espacio. Luego se le ponen más paredes y la convertimos en habitaciones, cocina y salón  pero en esencia la casa sigue siendo un solo espacio, que ha sido rodeado y dividido con paredes. De igual manera, nuestro cuerpo es espacio, y el limite de nuestra piel son las paredes EXTERNAS. Es decir nuestro cuerpo, en carne y hueso, son solo las paredes externas, pero lo que queda y siempre se mantiene igual, es el espacio de adentro. Muchos le prestamos demasiada atención al físico, a las paredes externas, olvidándonos de cultivar el espacio que esta dentro de ellas.  El espacio interior siempre esta. Y las paredes de adentro de la casa que dividen la cocina de la sala y de las habitaciones, son las divisiones internas que nos hemos puesto nosotros mismos con nuestros propios esquemas y limites,  pero si derrumbas esas paredes, te das cuenta que eres puro espacio, amplio con potencial para hacer lo que quieras dentro de esa casa.

FullSizeRender-214Tenemos que acordarnos a relajarnos tanto en lo externo (con las reglas de EEUU y la sociedad neoyorquina estresada) como en el espacio interno (entre las reglas dentro de uno mismo).  Como cuando éramos niños y éramos tan libres que ni conocíamos la palabra estrés, ya que por más que hubieran reglas, adentro nuestro todo era espacio: espacio para jugar, espacio para crear, espacio para reírse y divertirse.

Agradezco mucho tener la oportunidad de vivir en EEUU. Me ha hecho darme cuenta de cada momento, ya que no hay tiempo que perder. Qué gusto da cuando puedes parar en el medio de todo, reclinarte un poco para atrás, estirar los brazos y tomar aire profundo. Poder casi tocar los segundos que pasan.

Estar presente tiene que ver con poder relajarte, echarte en los espacio intermedios para así tocar el espacio interno, adentro nuestro. Hay que poder cerrar los ojos y respirar sintiendo que nos podemos expandir en el espacio, y justamente en los momentos que nos sentimos apretados, entre lineas es cuando nos podemos acordar con más urgencia de cultivar este espacio ENTRE las líneas. El espacio ENTRE las paredes. De la libertad que se puede sentir, cuando por ejemplo, vives en Nueva York.