Este es un post de mi blog de Harper’s Bazaar España

Mi trabajo me permite moverme mucho, y así cambio de estaciones, personas, y comida constantemente.. Pero ¿qué me mantiene estable cuando me muevo de un lugar al otro? ¿Qué hace que no me asuste pasar de los chocolates del frío a la ensalada del verano?
En otras palabras.. ¿Cómo podemos estar contentas con un cuerpo que cambia de forma constantemente? ¿Cómo podemos mantenernos en el centro cuando todo lo de fuera varía?

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En la naturaleza nada es estático. Las plantas cambian, el viento sopla las estaciones varían, y así también el ritmo de nuestro cuerpo. El cuerpo cambia cada día, cada semana, cada mes. Se hincha y se deshincha se endurece y se ablanda… No está fijo y no hay una dieta especifica que te garantice estar igual SIEMPRE.
Sin embargo, somos tozudas y pedimos a Dios el cuerpo perfecto. Buscamos la dieta ideal para el cuerpo ideal para que nos mantenga IGUAL. Pensamos: cuando llegue a pesar tanto, o cuando me vea de tal forma, recién ahí me sentiré realmente bien, seré atractiva y podré lograr todas las cosas que quiero.
Intentamos tener el control para que nada se nos vaya de las manos, para que las cosas se queden estáticas, quietas. Cuando realmente, es la naturaleza de la vida estar en movimiento y cambio.
Las mujeres cambiamos de forma con más facilidad que los hombres, y eso es una bendición, no una maldición. La forma del cuerpo es la expresión de nuestro mundo interno: a veces necesitamos sentirnos un poco mas llenas y con mas peso para sentirnos con mas estabilidad y equilibrio, otras veces queremos elevarnos y volar un poco más y un cuerpo ligero es lo que más nos conviene.

 

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Yo creo que la obsesión por controlar el peso es solo una máscara que intenta tapar nuestra gran necesidad de calma y estabilidad interna. Pero nunca encontraremos esa paz si sólo buscamos lo rígido. Porque en la rigidez sólo habita el miedo.
Pensamos que necesitamos el control para sentirnos seguras y respirar tranquilas. Cuando en realidad es el control el que nos deja sin aire. Y ahí esta la clave: en el aire, en el viento. En lo que hace que nos movamos, porque en el movimiento está la vida.

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Sólo cuando entendemos las fuerzas que motivan el cambio de nuestro cuerpo, podemos llegar a entender nuestro ritmo, y al entender nuestro ritmo, podemos llegar a balancearlo. Finalmente el bienestar y la salud que tanto anhelamos está en el mirarnos a nosotros mismos con consciencia y atención, no en las paginas de una revista que nos diga qué comer y cuánto.
Hay que observar nuestra mente y nuestra hambre, y cómo estas dos están íntimamente conectadas. Hay que observar qué nos provoca comer, cuándo y cuánto. Ser muy específicas y curiosas con cómo nos sentimos para así llegar a entender lo que nos motiva a tomar nuestras decisiones al comer.
Tu cuerpo sigue un ritmo íntimo, tuyo. Hay que acercamos a nosotros mismos para poder oírlo y entenderlo mejor. He definido 7 etapas por las cuales solemos atravesar. Al detectar estas etapas en nosotras mismos, podremos entender mas nuestros hábitos alimenticios.

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1. Fase de purificación: Etapa en la cual sentimos un instinto natural a deshacernos de lo extra, de lo que nos pesa. Unas ganas de limpiar, y de renovarnos internamente. Normalmente nos provoca hacer una dieta de purificación de zumos, de comida vegetariana, vegana, o incluso dejar el cafe, el alcohol, el azúcar, y otras comidas que ya nos nos sientan bien. Es un momento de vida en el cual estamos cerrando puertas para abrir otras.

2. Fase de construcción: Etapa en la cual nos sentimos que nuestra fuerza incrementa naturalmente. Nos provoca hacer mas ejercicio, ganar músculo, y sentimos mas energía. Corresponde normalmente a un momento en la vida en el cual nos sentimos grandes, expansivas, y con hambre de crecimiento. En esta etapa nos atraen comidas mas densas como nueces, carnes, aceites, etc. Nuestro apetito aumenta y nuestra capacidad de comer es mayor, sin necesariamente subir de peso.

3. Fase de mantenimiento: Etapa en la que estamos en piloto automático. Nada nos mueve ni nos cambia mucho. Estamos atentos a nuestras vidas, al trabajo, a nuestras responsabilidades de tal forma que la comida deja de tener tanta importancia. No hay nada que resolver en términos de salud y nos sentimos bien. Muchas veces no apreciamos esta etapa porque nos parece sosa, sin embargo es un buen momento para darnos cuenta que debemos relajarnos en nuestro ritmo, poner atención a las cosas que valen la pena y no preocuparnos mucho.

TCM-1614. Fase emocional: Etapa en la cual nuestras emociones dirigen todo: qué comemos, cuánto comemos, cómo comemos, y no hay manera de evitarlo. No importa cuánto intentemos convencernos de lo contrario, en esta fase nuestras emociones van a dirigir nuestras decisiones. En vez de pelearlas, es necesario aceptarlas y entenderlas. Hay que mirar de dónde vienen y porqué. El apetito emocional no es algo que tenemos que eliminar, es algo que debemos entender.

5. Fase de celebración: Es el momento de disfrutar de la vida y saborearlo todo. Queremos experimentar y probar cosas nuevas. Tenemos que apreciar este momento y no castigarnos por él. Sin miedos, hay que saber que podemos disfrutar de la comida y de la vida. Aquí se trata de confiar en nuestro cuerpo y en su capacidad de disfrutar.

6. Fase de curación: Etapa en la que nos sentimos seducidos a seguir una dieta medicinal de curación y comer alimentos específicos que nos sanen y hagan sentirnos mejor. Es un momento en el que tomamos suplementos, hierbas, y plantas medicinales y así ponemos a la salud por encima del sabor.

7. Fase en la que todo va: Momento en el cual todas las reglas se ponen de cabeza y hasta la naturaleza parece estar rompiendo sus propias reglas. Podemos tener antojos muy extraños o incluso comenzar con un vicio que nunca nos pareció atractivo. Nada tiene mucho sentido, y está bien: sólo hay que dejarla pasar.

TCM-143El cuerpo cambia a su ritmo, y no porque sea verano tienes que bajar de peso o porque sea invierno te puedes comer todos los chocolates del mundo. Tu cuerpo no es de ninguna estación, de ningún traje de baño, y de ningún par de jeans. Tiene su ritmo, y hay que entrar en nosotros mismos, para así entenderlo y manejarlo, sin dejar que te lleve al desequilibrio.
En el medio del cambio, lo importante es encontrar algo que no cambia dentro nuestro. Una calma, una paz, una estabilidad enraizada en fidelidad incondicional hacia nosotras mismas.

Y así, sentada en el avión pasando de la playa a la nieve me doy cuenta que todo cambia, y que me puedo mantener en el centro, así como tú, en paz y con una tranquilidad intacta.

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